Cinco ideas falsas sobre las ITS que siguen confundiendo a muchos jóvenes y retrasan la prevención, las pruebas y el diagnóstico.

La falta de síntomas, la falsa sensación de seguridad y el desconocimiento sobre las pruebas siguen favoreciendo los contagios de infecciones de transmisión sexual entre jóvenes. Entender bien los riesgos es clave para prevenir y detectar a tiempo.

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Las infecciones de transmisión sexual (ITS) siguen aumentando entre la población joven y, en muchos casos, lo hacen sin dar señales claras. La ausencia de síntomas, la confianza en la otra persona o la idea de que determinadas prácticas no implican riesgo alimentan una falsa sensación de seguridad que retrasa las pruebas y el diagnóstico.

Ese contexto facilita que muchas infecciones se transmitan sin que quienes las tienen sean conscientes. A pesar de que hoy existe más información sanitaria que hace años, siguen circulando creencias erróneas que hacen que muchas personas jóvenes minimicen el riesgo real.

No hace falta tener síntomas para tener una ITS

Una de las ideas falsas más extendidas es pensar que, si no hay molestias, no existe infección. Sin embargo, varias ITS pueden pasar desapercibidas durante largos periodos.

Infecciones como la clamidia o la gonorrea son frecuentes entre jóvenes y no siempre provocan señales claras. Al no notar nada extraño, muchas personas no solicitan pruebas y el diagnóstico se retrasa, lo que aumenta el riesgo de seguir transmitiéndolas y de sufrir complicaciones posteriores.

El sexo oral también puede transmitir infecciones

Otro error frecuente es creer que el sexo oral no implica riesgo. La evidencia médica muestra que distintas ITS pueden transmitirse por esta vía, incluso sin penetración.

Aun así, sigue siendo una de las prácticas en las que menos se utiliza protección. En parte, esto ocurre porque se percibe como una práctica segura, cuando en realidad no está exenta de riesgo.

Confiar en la pareja no sustituye a las pruebas

También persiste una falsa sensación de seguridad dentro de relaciones estables. Confiar en la pareja no sustituye a las pruebas médicas.

Una infección puede haberse adquirido antes de iniciar la relación o mantenerse sin síntomas si no se han realizado revisiones previas. Por eso, hacerse pruebas también forma parte del cuidado mutuo y de una sexualidad responsable.

Las ITS no afectan solo a “otros”

Otra idea equivocada es pensar que las ITS solo afectan a perfiles muy concretos o a conductas poco habituales. En la práctica, basta una sola relación sin protección para que exista riesgo.

Esta percepción errónea lleva a normalizar ciertos descuidos, retrasar la consulta médica e infravalorar la importancia de acudir a un profesional ante una duda, un cambio o una situación de riesgo.

A todo ello se suma la falta de información clara sobre cuándo conviene hacerse una prueba y cómo acceder a ella. Muchas personas jóvenes desconocen que estas pruebas forman parte de la atención sanitaria habitual y que pueden solicitarse de forma confidencial.

Detectar una ITS a tiempo suele permitir tratamientos sencillos y evita complicaciones posteriores, además de cortar cadenas de transmisión que podrían evitarse.

La prevención sigue siendo la mejor herramienta

Los profesionales sanitarios recuerdan que la prevención sigue siendo la principal herramienta frente a las infecciones de transmisión sexual. El uso correcto del preservativo en las relaciones sexuales, junto con el acceso a información fiable, reduce de forma significativa el riesgo de contagio.

Ante cualquier duda o situación de riesgo, acudir a los recursos sanitarios es una forma de cuidado personal. Las pruebas diagnósticas pueden solicitarse de manera confidencial dentro del sistema público y permiten actuar a tiempo.