Qué hay detrás del fenómeno therian y cuándo conviene pedir ayuda

En redes sociales se ha extendido una forma de identidad que muchas familias y docentes miran con desconcierto. La pregunta clínica no es si la etiqueta resulta extraña, sino qué papel cumple en la vida del adolescente y si va acompañada o no de sufrimiento, aislamiento o pérdida de contacto con la realidad.

Captura de pantalla 2026-04-21 125903

Con la palabra therian algunos adolescentes intentan expresar una vivencia interna vinculada a un animal con el que sienten afinidad simbólica o identitaria. En la mayoría de los casos, no se trata de una creencia delirante ni de una ruptura automática con la realidad, sino de una forma de narrarse, de distinguirse o de encontrar un grupo con el que encajar. Ahí conviene mantener la calma. La adolescencia es una etapa de exploración intensa, de búsqueda de pertenencia y de ensayo de identidades, y no todo lo que resulta llamativo desde fuera es un problema clínico.

Lo importante no es la etiqueta

Desde un punto de vista psicológico, la pregunta útil no es si un joven se define de una manera poco habitual, sino cómo está funcionando en su vida diaria. Si mantiene vínculos diversos, sigue conectado con su actividad escolar, conserva intereses más allá de esa identidad y no muestra un deterioro significativo, lo más probable es que estemos ante una forma de exploración adolescente y no ante un trastorno mental. Lo que ayuda en ese contexto es escuchar, preguntar qué significa para él o para ella esa identificación y no ridiculizar algo que puede estar cumpliendo una función emocional o social.

También conviene mirar el contexto. A veces estas identidades aparecen en jóvenes que se sienten distintos, incomprendidos o poco encajados en su entorno, y el lenguaje simbólico les ofrece una forma de explicarse mejor. Eso no obliga a idealizarlo todo ni a aplaudir cualquier conducta sin reflexión, pero sí sugiere que la respuesta más útil no suele ser la burla ni la confrontación directa, sino una conversación abierta sobre qué está pasando y qué necesidad hay detrás.

Cuándo deja de ser una exploración y pasa a preocupar

La alerta no la marca el nombre elegido, sino el impacto real. Conviene pedir valoración cuando la identidad se acompaña de aislamiento persistente, abandono de actividades habituales, deterioro académico brusco, malestar mantenido, ideas rígidas que impiden discutir la experiencia con flexibilidad o una desconexión clara de la realidad. En ese punto ya no importa tanto cómo se nombre el fenómeno, sino si está funcionando como refugio exclusivo, si encubre otro sufrimiento o si se mezcla con síntomas que requieren atención especializada. Estudios sitúan precisamente el deterioro funcional, el cambio marcado de conducta, el aislamiento y la pérdida de contacto con la realidad entre las señales que justifican consulta en salud mental.

Hay un matiz importante. Consultar no significa invalidar al adolescente ni tratar su identidad como si fuera patología. Significa valorar qué función está cumpliendo, cómo se siente, qué recursos tiene y si hace falta apoyo clínico para abordar ansiedad, acoso, baja autoestima, tristeza o retraimiento. Acompañar bien no es reírse ni dramatizar, sino saber distinguir entre una exploración personal y una señal de sufrimiento que ya está pidiendo otro tipo de ayuda.

 

Información basada en materiales de MedlinePlus