Testosterona y menopausia, por qué no basta una hormona para explicar el deseo
La sexualidad puede cambiar durante la transición menopáusica y después de la menopausia. Entre las molestias más frecuentes están el bajo deseo, la menor lubricación, la sequedad vaginal, el dolor con las relaciones y una peor vivencia de la respuesta sexual. La bajada de estrógenos también puede favorecer sequedad vaginal, molestias con la penetración y problemas de sueño, y todo eso puede repercutir directamente en el interés sexual.
El deseo no depende de una sola hormona
La testosterona también está presente en el organismo femenino y sus niveles disminuyen con la edad, pero eso no significa que una cifra baja explique por sí sola la pérdida de deseo. Las guías clínicas insisten en que los niveles de testosterona en sangre no sirven para diagnosticar un trastorno del deseo y que no existe un punto de corte capaz de diferenciar con fiabilidad a las mujeres con o sin disfunción sexual.
Por eso, reducir el problema a una única hormona puede hacer perder de vista causas muy tratables. Los documentos de referencia recomiendan una valoración biopsicosocial completa porque el deseo sexual puede verse afectado por dolor durante las relaciones, fatiga, anemia, enfermedad tiroidea, ansiedad, depresión, efectos secundarios de medicamentos o problemas de pareja.
Cuándo entra realmente la testosterona
Aquí está el matiz importante. El consenso internacional y la guía clínica de ISSWSH coinciden en que la única indicación respaldada por la evidencia para usar testosterona en mujeres es el tratamiento del bajo deseo sexual persistente que genera malestar en mujeres posmenopáusicas, y siempre después de una evaluación formal y completa. No se plantea como una respuesta general para cualquier bajada de libido ni como una solución rápida ante síntomas vagos.
La evidencia disponible apunta a un beneficio moderado en mujeres posmenopáusicas bien seleccionadas, pero también deja claro que hay límites. Los ensayos y metaanálisis han descrito más acné y más crecimiento de vello facial o corporal en algunas pacientes, mientras que la seguridad a largo plazo sigue siendo incierta y los datos más sólidos no van más allá de unos 24 meses.
Qué conviene revisar antes
Antes de pensar en hormonas, muchas veces conviene mirar otras piezas del puzle. La propia guía de la Menopause Society recuerda que la sequedad vaginal y el dolor con las relaciones pueden reducir el deseo, y que el sueño alterado, los cambios emocionales y los factores relacionales también cuentan. En la práctica, tratar esas causas, revisar la medicación habitual y abordar el problema desde una perspectiva más amplia puede ser más útil que centrar toda la atención en la testosterona.
El objetivo no debería ser imponer una respuesta sexual “normal” ni medicalizar cualquier cambio de esta etapa. Lo razonable es valorar qué está ocurriendo en cada caso, qué síntomas están afectando de verdad a la calidad de vida y qué abordaje tiene más sentido para esa mujer en ese momento. Cuando el malestar es persistente, merece la pena consultarlo con un profesional con experiencia en salud sexual y menopausia.
Información basada en la guía clínica de la International Society for the Study of Women’s Sexual Health, en materiales de The Menopause Society y en una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos sobre testosterona y bajo deseo sexual en mujeres.