Tomar muchos medicamentos también puede acabar jugando en contra de tu salud

La polimedicación se ha vuelto habitual, sobre todo en personas mayores con varias enfermedades crónicas. El problema no está solo en el número de fármacos, sino en lo fácil que resulta acumular riesgos cuando no se revisan bien.

Tomar varios medicamentos a la vez no siempre significa que algo se esté haciendo mal. En muchos pacientes, especialmente mayores, combinar tratamientos es necesario para controlar hipertensión, diabetes, artrosis, insomnio, dolor o enfermedad cardiovascular. El problema aparece cuando esa suma deja de revisarse con una mirada global y se convierte en una rutina automática. Ahí es donde la polimedicación puede empezar a volverse peligrosa.

Cuando el tratamiento se vuelve demasiado complejo

La dificultad no está solo en la cantidad, sino en todo lo que arrastra. Horarios distintos, pautas que cambian, fármacos añadidos por diferentes especialistas, problemas de memoria, vista o audición y una automedicación que a veces se cuela sin que el médico lo sepa. Todo eso aumenta el riesgo de errores, duplicidades, interacciones y efectos adversos. NICE insiste precisamente en que la optimización de la medicación exige revisiones estructuradas y coordinación real entre profesionales. (nice.org.uk)

Por qué afecta especialmente a las personas mayores

La polimedicación se concentra sobre todo en pacientes con multimorbilidad, es decir, en personas que conviven con varias enfermedades crónicas a la vez. Y en ellas el efecto acumulado puede ser mayor. No solo por la cantidad de tratamientos, sino porque el organismo tolera peor algunos efectos secundarios y porque un pequeño error puede traducirse en mareos, caídas, deterioro funcional o ingresos hospitalarios. Las guías de NICE sobre multimorbilidad subrayan precisamente la importancia de reducir carga terapéutica y revisar si todos los medicamentos siguen teniendo sentido. (nice.org.uk)

No se trata de quitar por quitar

Aquí conviene ser muy claros. El objetivo no es retirar fármacos de forma indiscriminada ni transmitir la idea de que cuantos más medicamentos se toman, peor se está tratando a una persona. Hay pacientes complejos que necesitan varios tratamientos bien indicados. Lo que marca la diferencia es saber si todos siguen siendo necesarios, si las dosis son correctas y si el conjunto tiene sentido en esa etapa concreta de la vida.

La revisión periódica cambia mucho

Una de las medidas más útiles es algo bastante sencillo en apariencia y muy importante en la práctica. Revisar periódicamente toda la medicación con una visión completa. Ahí el papel del médico de familia es especialmente valioso, porque es quien mejor puede integrar la información de distintos especialistas, detectar repeticiones, ajustar dosis y simplificar pautas cuando sea posible. También ayuda que el paciente tenga claro qué toma, para qué lo toma y qué cambios ha hecho por su cuenta.

Qué puede ayudar en casa

Los sistemas organizados por días o semanas, como pastilleros o dispositivos personalizados de dosificación, pueden facilitar mucho la adherencia. También ayuda llevar un listado actualizado de toda la medicación, incluidos productos que se toman sin receta, y comentarlo en consulta. A veces el riesgo no viene del fármaco principal, sino de una suma de pequeños añadidos que nadie estaba viendo en conjunto.

La polimedicación no es en sí misma el problema. El problema empieza cuando deja de estar controlada. En un sistema sanitario con cada vez más pacientes crónicos y de más edad, revisar bien la medicación no es un detalle administrativo. Es una parte central de la seguridad del paciente.